Entramos en una década definitiva para afrontar retos en los ámbitos medioambientales, sociales y económicos. Para ello tendremos que movernos a un nuevo modelo acorde con las posibilidades del planeta, en donde la naturaleza es pieza clave. 

Estoy en una transición, tú lo estas y todos lo estamos. Pareciera que desde hace unos meses ha ido tomando forma corpórea. A veces sentimos que los eventos que ocurren en la realidad se suceden de una forma sincrónica, de esto no hay duda. Así pues, reflexionamos que el encierro mundial en el que hemos ya trasegado por casi un año coincide con los retos a los que nos vemos enfrentados en la presente década: El cambio climático, la transformación de nuestros procesos productivos, la disminución de la inequidad, el manejo de recursos en una población mundial creciente. No me es claro aún si esto que percibo es producto de mi mente o si todos en conjunto estamos de acuerdo. Personalmente, es claro para mí que la transición no se basa en transitar de un mundo donde solíamos socializar, compartir experiencias, trabajos, eventos deportivos con vecinos, familiares y amigos a uno en el cual las calles están vacías y sólo en esporádicos momentos podemos ver personas cubiertas con tapabocas y máscaras. Por el contrario, sí creo que se basa en entender, por una parte, la fase primitiva en la que se encuentra el mundo que hemos diseñado y, en segunda instancia, conocer las herramientas que disponemos para transformarlo. Debemos hacer uso de lo que ha permanecido por billones de años en la tierra, esto es la vida misma. Debemos usar nuestra intuición y nuestra creatividad. Nuestra transformación no solamente debe ser externa, sino principal y mayormente interna. Debemos reconocer que no somos los únicos que habitamos la tierra y que desafortunadamente ésta es finita. Nuestros hábitos también deben cambiar. A veces siento muy adentro de mí que estamos en una nueva edad de piedra donde tenemos todo por hacer, abierta a una infinita innovación.

Les hablo desde mi óptica parcializada por el camino profesional que tomé, y créanme, mi propia transición no es sencilla. Más que nada, siento miedo de abandonar mis propios hábitos, basados en la comodidad de la que me privilegio: Comida las 24 horas del día, un buen sueldo, un carro, una buena carrera, viajes, cenas con amigos y la posibilidad de comunicarme con cualquier persona a un costo razonable. He trabajado en el mundo agroindustrial por más de diez años, un sector que alimenta a una gran parte de la población mundial basándose en el cultivo, transporte y procesamiento de materias primas como la palma, la soya, el trigo y el maíz. Los avances en ésta industria durante el siglo XX han sido maravillosos y hoy en día es prácticamente posible alimentar a cada ser humano a costos relativamente bajos. Sin embargo, no toda historia es perfecta. Muchas de las agriculturas del mundo moderno oriental y occidental son subsidiadas por sus gobiernos, cuya política agraria debe cumplir con las mínimas demandas de los agricultores. Esto hace que los costos de producción no sean reales y aparezcan como competitivos frente a agriculturas alternativas tales como la orgánica; la mayoría de dichas materias primas deben ser transportadas entre continentes aumentando la huella de carbono; en varios países las condiciones laborales en el campo siguen siendo informales y desregularizadas; las necesidades financieras de los cultivadores son cada vez mayores; y por último, para poder satisfacer la creciente demanda, debemos incrementar la productividad, para lo cual debemos emplear mayores cantidades de productos derivados del petróleo tales como gasolina, pesticidas y fertilizantes. Tal vez es cierto lo que indica el autor Mark Tauger (2011) acerca de la trampa de la agricultura moderna: En cuanto más crece la población, mayores son los requerimientos por alimentos, para lo cual nos vemos avocados a cultivar más, entrando en un círculo sin salida. El problema en este caso es que el daño a la tierra cultivable es ahora palpable, reduciendo la capacidad futura de producción. Pienso siempre en esto y me siento impotente en pensar un modelo que reduzca estos problemas por el bien de las generaciones que habitarán el planeta en el futuro. Algunas iniciativas tales como la permacultura y la agricultura de conservación han mostrado buenos resultados aún cuando no logran cumplir con el problema de la creciente demanda de alimentos. 

Precisamente GreenRoad se trata sobre eso, de cómo plantear soluciones que sean inherentemente sostenibles.  De todos los modelos de sostenibilidad que he podido estudiar hasta hoy, el que más satisface mis cuestionamientos internos es sin duda el biomimetismo. Tal vez es porque hablo desde mi perspectiva de biólogo y de defensor de cualquier tipo de vida o porque, finalmente, lo que más ha perdurado en el tierra son los seres vivos. Creo que dentro de nuestra intuición colectiva sabemos que la naturaleza tiene todas las respuestas para nuestros retos actuales. Los grupos indígenas que aún permanecen en diferentes regiones rurales también lo saben, ya que para ellos la naturaleza es todo. Tal vez es tiempo de que nosotros, que nos autoproclamamos civilizados, entendamos que es mejor sentirnos parte de algo más grande que nosotros mismos. Tal vez sea el momento de de-construir las barreras que hemos creado y que nos impiden avanzar a una etapa más consciente. 

Análogamente a mi experiencia, otras industrias deben ser transformadas a caminos más amables. La producción de electricidad, por ejemplo, es responsable del 25% de las emisiones de dióxido de carbono. Por su parte, el transporte y la construcción participan en un 14% y 6% respectivamente. Encontrar vías por las cuales las formas de producción sean transformadas tal que su eficiencia sea  incrementada o sus operaciones usen procesos de bajo consumo energético es casi una obligación.Así también, la forma como concebimos el trabajo y las relaciones laborales y sociales debe ser cambiada hacia un camino en que la desigualdad pueda disminuirse.No tenemos certeza de cómo, pero sabemos que una combinación de estrategias como oportunidades de empleo más amplias, condiciones de trabajo justas , transformación de las organizaciones y políticas fiscales orientadas al beneficio de la sociedad tendría un impacto.Creo firmemente que la guía de la naturaleza puede llevarnos hacia este cambio.   

La biomímesis ofrece un camino en el cual la naturaleza está en el centro del diseño de productos y servicios. Nos enseña principios y una metodología sobre la cual es posible concebir el cambio o mejoramiento de lo que hemos construido hasta ahora. También nos acerca un camino para reconectarnos con escenarios naturales, cerca o lejos de casa. Y nos muestra una nueva ética, una en la que respetamos a otros seres vivientes (donde estamos incluidos) y a los recursos finitos del planeta. La década comienza reconociendo que tendremos que acomodarnos a una nueva realidad en la que no podemos gastar o consumir de más. Hemos de pasar del comprador compulsivo al responsable. El proyecto GREENROAD es parte de este cambio. 

Así como la vida pasó del agua de los océanos a la tierra, tendremos que transitar hacia una realidad sostenible.

Referencias 

Tauger,M (2011).Agriculture in world history.Routledge Taylor & Francis group.London and New York

Bienvenidos a la transición. Esta página es parte de la transformación. 

Marcelo Araus

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