¿Como resolveremos los problemas de infraestructura de las siguientes décadas, cuyas soluciones deben ser concebidas desde la sostenibilidad?

Existe la ruta más común: Guiar el desarrollo desde la suposición que existen grupos expertos con el conocimiento para resolverlos, una práctica muy común hecha por países desarrollados en países subdesarrollados luego de la segunda guerra mundial. De esta forma, los fondos de diferentes naciones fueron recibidos por instituciones internacionales como el banco mundial y el fondo monetario, los cuales a su vez generaban y administraban proyectos que apuntaban a la mejora de la calidad de vida de centros urbanos globalmente. Esto era realizado a través de una aproximación vertical realizada desde arriba hacia abajo (top-down). Paradójicamente, existían fondos suficientes para invertir en el bienestar de diferentes comunidades. Sin embargo, las soluciones eran rígidas, reduccionistas y respondían al crecimiento económico de industrias como el cemento, acero y otros metales, más no siempre a las necesidades de los consumidores.  Generalmente, estas soluciones eran únicas para problemas con diversos matices, costosas y poco contextualizadas. Un ejemplo clásico de ellos era construir casas, parques y centros de transporte para comunidades en la periferia de las ciudades y alrededor de ellas construir puentes e infraestructura que en muchos casos no eran necesarias. Desde la óptica contemporánea, esta vía de desarrollo resulta poco amigable con el medio ambiente y poco incluyente, ya que por un lado consumimos recursos y destruimos ecosistemas para construir sobre ellos; en el otro, asumimos que tenemos certeza del plan, al no preguntarle a los miembros de un grupo cómo querían dirigir su bienestar y futuro.

¿Que pasaba antes de la construcción de civilizaciones que conformaron grandes centros urbanos? ¿Que ocurría con aquellas comunidades indígenas que decidieron no unirse a este plan alrededor del mundo? Ciertamente, estos grupos han explorado a través de la historia soluciones para su subsistencia a través de un camino menos explorado basado en el conocimiento ecológico tradicional (TEK).  Julia Watson nos presenta uno de los mejores compendios de este tipo de soluciones en su libro “Lo-Tek, Design by Radical Indigenism”, un movimiento de diseño que desea reconstruir el entendimiento de la filosofía indígena y arquitectura vernácula que genera infraestructuras resilientes al clima y sostenibles. En la mayoría de los casos que expone podemos encontrar respuestas a los problemas de las civilizaciones actuales en cuanto al acceso, uso de recurso y la forma de convivir de forma cooperativa en comunidad y en armonía con el ecosistema circundante. La diferencia fundamental de estas tecnologías comparadas con las que hemos empleado en los últimos siglos (mayoritariamente los occidentales) para construir centros urbanos es la relación con la naturaleza: Los grupos indígenas decidieron, desde hace milenios en muchos casos, trabajar en conjunto con ella en cuanto el mundo moderno intento gobernarla y hasta conquistarla. Desafortunadamente, la segunda aproximación no ha sido una buena estrategia en el largo plazo para el desarrollo.

Las tecnologías expuestas por estén nuevo movimiento tienen una estrecha relación con la biomímesis y las soluciones sostenibles a través de las siguientes características:

  • No solamente emulan a la naturaleza sino cumple con los otros componentes de la biomímesis. Reconecta ya que trabaja con la naturaleza y tiene una ética de respeto hacia ella, considerando una o varias de sus especies como sagradas.
  • Usa frecuentemente la emulación de sistemas biológicas para generar soluciones sostenibles. También cumplen con uno o varios principios de la naturaleza. 
  • Es incluyente en varios casos, haciendo a los miembros de las comunidades participes del proceso de decisión.
  • Son sistémicas y de bajo costo. Podrían mejorar las condiciones de vida de grupos vulnerables que componen un porcentaje significativo de la población mundial.
  • Son aproximaciones que no producen fortalezas contra la naturaleza, se asocian a ella.
  • En el largo plazo son mejores económica, social y ambientalmente.

Por lo general, muchas de las tecnologías en estas comunidades están respaldadas por especies claves culturalmente, que inclusive en muchos casos hacen parte de su mitología, las cuales reconocen las complejas interacciones dentro de los ecosistemas de los que los humanos hacen parte. Estos organismos son venerados y respetados, como también las interacciones que generab con sus alrededores.  De allí se infiere que la sostenibilidad esta arraigada a su espiritualidad y por ende habita en el centro de sus creencias implícitamente.  

Presentamos a continuación dos tecnologías moldeadas por el conocimiento indígena. En ambas se resaltan el uso de materiales locales, el respeto por los límites terrestres, su adaptabilidad a condiciones cambiantes y aprovechamiento de los procesos cíclicos. En el primer caso, la comunidad Kayapó presente en los bosques Apeté de Brasil usan el “fuego para quemar secciones circulares de bosque tropical que son transformadas en villas agrícolas” (Watson, J 2020). Por lo general, estos asentamientos se componen de tres anillos, en los cuales se desarrollan prácticas agrícolas diferenciadas y están compuestos de diferentes plantas. El interno es repetidamente quemado, cultivado y abonado, siendo posible cultivar papas resistentes al fuego en policultivo con bananos, maíz y otros tubérculos. En el anillo central se sitúan las viviendas en conjunto con otro policultivo de especies como mandioca, frijoles, maní, papaya, arroz, caña de azúcar algodón y tabaco. Finalmente, el círculo externo está compuesto de especies de mayor antigüedad tales como arboles altos leguminosos llamados Inga que se encargan de fijar el nitrógeno. Entre ellos se plantan también plantas de piña y otros frutales.

Finalmente, la isla de Java nos provee de innovaciones para ecosistemas de pantano y humedales, permitiendo la producción de alimentos. El sistema esta arreglado espacial y temporalmente para el crecimiento de arroz y pescado. Existen cuatro tipos de estanques que facilitan periodos diferenciados del desarrollo de los peces. En el primero, se permite que hembras y machos interactúen para fertilizar los huevos y se generen nuevas crías. Estas son movidas a un segundo en el cual estos puedan eclosionar. Durante su periodo de crecimiento estos son llevadas a la tercera locación en donde los nuevos peces se les permite madurar. Finalmente, en el cuarto estadio los peces son mantenidos para ser vendidos a miembros de la comunidad. En cada uno de ellos crecen plantas de arroz, que junto con los nutrientes de los pescados generan un lugar optimo para si crecimiento. De la misma forma, generan un ecosistema con otros organismos como zooplancton gusanos e inclusive patos, los cuales se ven atraídos por las plantas de arroz que a su vez atraen insectos. En ocasiones se añaden fertilizantes orgánicos y compostaje para enriquecerlos. Diferentes especies de peces y variedades de arroz pueden ser cultivados en el sistema, lo cual hace que estos sean policultivos altamente eficientes.

El diseño incluye también un dique y un canal periférico que permite la administración de niveles de agua y nutrientes del agricultor. Las ventajas del sistema son suelos más fértiles, productividades más altas en peces y arroz, además de una reducción en el uso de pesticidas en un 68% (Watson, J 2020).  Este sistema ofrece una alternativa para comunidades dependientes del cultivo tradicional de arroz las cual son vulnerable a inundaciones, disminuyendo la pobreza e incrementando la seguridad alimentaria en zonas tropicales con vastas áreas de campos irrigados de arroz. Es imperativo buscar alternativas a la acuacultura y agricultura industrial hacia un modelo sostenible para las siguientes décadas y para el bien de la mayoría.  

Referencias

 

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